jueves, 28 de noviembre de 2013

Si y no

Crear una perífrasis que produzca la parálisis de tu boca, que deje secos tus latidos y humedezca tus recuerdos. Sacar luz de una piedra y buscar su asimetría para disfrutar de sus defectos.
Acordarme de ti, cuando jamás exististe. Recuerdos fantasma que rayan lo real. Restar tus "no" de mi vida y pensar en un "si" infinito.

                                                                                                                                    P.F.

sábado, 26 de marzo de 2011

Crítica 1: EL COMERCIO

CUANDO EL BOLSILLO CLAMA VENGANZA

El comercio de hoy en dia podría quedar bien descrito con una sola palabra: represión.
El mercado es una verdadera dictadura a la que,curiosamente, nos sometemos con gusto. Nuestra musica es la que suena en los anuncios, nuestra comida al que grita con mas fuerza en televisión y nuestros vestidos lso más tentadores de las revistas.

Vivimos abocados al destino que los medios de comunicación eligen para nosotros, somos marionetas del mercado que tenemos la osadez de llenar nuestras carteras con "hemosos" billetes sin darnos cuenta de que no somos nosotros quienes los ponemos ahí.

Definitivamente, los productos nos comen a nosotros, la presión que ejercen los medios sobre nuestro bolsillo es de todo menos subliminal. Nuestra mente es catigada allí donde vayamos, tentada continuamente con los productos más prometedores, caramelos que huelen a progreso, calidad y elegancia pero que esconden bajo su envoltorio mentiras con sabor a burla.¿Se están riendo de nosotros?Quizás seria bueno replantearse esta cuestion, el germen de la publicidad es más efectivo de lo esperado y; hoy por hoy; son muy pocos los que no están aún infectados, los que miran las etiquetas y deciden con la cabeza más que con el bolsillo.

Parece ser que somos victumas de eta nueva era, de las 100 marcas de zumo y 70 canales de televisión, lo que más estremece es que queiremos más y más, ciegos de que ese "más" es sinónimo de gastos y engaños.Quizás nos autoengañemos para curarnos en salud; lo que esta claro es que su juego funciona; que no paramos de darles razones para seguir y que con cada uno de nuestros tickets votamos al mejor.

LLega la subordinación hasta tal punto que nosotros llegamos a ser la mejor publicidad;nosotros somos el ejército más fuerte en una guerra en la quegana el que grita más, es gracias a nosotros más que a la televisión, que se muestra inocente en nuestros salones, que los productos lleguen a los tops de ventas.
Sin embargo; la crisis economica está haciendonos ver la realidad; nos obliga a tratar con delicadeza nuestro bolsillo y a no fiarnos ni de nuestra sombra.

Ahora que es tiempo de cambios y revoluciones, deberiamos alzarnos en armas para sentar a este mercado ante los tribunales, ya está bien de ser acusados cuando en realidad deberiamos sentarnos con las víctimas.

Estad alerta; las sirenas de la indignación no paran de sonar y si este derroche sigue persiguiendonos la frustración terminará por subirsenos a la espalda.

Patricia Fierro

miércoles, 12 de enero de 2011

entera


Se sentaba todas las tardes en el banco de la izquierda, siempre con ese vestido amapola y sus zapatos desgastados. Escondía en vano su tortura, su soledad, abrazaba con todo su ser a aquel peluche, un oso viejo y desgastado, el cual seguía con la capacidad de meterse por las pupilas y castigarlas hasta que derramaran las primeras lagrimas de la mañana. Mirarla era una trampa para los corazones, un pecado para los ojos y una pugna para el alma.

Yo recordaba el eco de su grito, estaba en mi memoria, era un recuerdo ardiente que me quemaba cada vez que volvía a verla. Cada una de las partes de su cuerpo olía a desdicha ahora y su corazón debía estar marchito de tanto dolor, pero, ¿que sentía en realidad ella? Nadie lo sabía, todos la rodeaban y nadie paraba, nadie se preocupaba de cuando le había salido la última arruga o de si tenía el vestido manchado, de si sus uñan estaban ya desgastadas y amarillas o de si sus rodillas sollozaban de dolor, de por donde habían pasado sus cansados pies ni de porque su voz era de línea descendente. Nadie sabía que paseaba por su mente y ella gritaba en el silencio para que la escucharan.

Les llamaba, nada, no había respuesta, otra vez a consumirse, a marchitarse en ese banco, castigada por las sonrisas de los niños y las cómplices miradas de los amantes. Contaba cada uno de los segundos que pasaban, esperando una voz un: cuanto tiempo, ¿qué tal? , pero se le pasaba pronto, en unos segundos, hasta que todo volvía a empezar.

Lo último que supe de ella era de cómo su voz tiritaba al despedirse, de cómo un sollozo la callaba y un recuerdo la devoraba hasta tumbarla de dolor.

A veces se levantaba, con ánimo de dar un paso más, pero volvía a sentarse, entonces se encogía, se rodeaba con sus brazos y se quedaba quieta, dormida, dejando que su sombra hablara por ella.

No sabían qué hacer con ella, era la desesperación en persona, ella era la causante de la tristeza de los visitantes y los remordimientos de los curiosos, del no saber qué hacer, el arrepentimiento de muchos y la preocupación de pocos.

Pero yo era la culpable de ese estado, yo hacía que se deshiciera lentamente, sintiendo cada uno de los latigazos de sus sentimientos y sin embargo, solo la observaba. Sabía su historia, había estado dos años madrugando para ver si me llegaba alguna carta con esperanza que me dijera que volvería a ser ella, una nota, pero, el buzón siempre estuvo vacío, y las notas parecían escritas bajo el agua. Pero mi corazón aún cree que ella no ha abandonado, que sigue acordándose de mí, de mis locuras y sus broncas, de mi rojo carmín y su rosa palo, de cómo observábamos las luces madrileñas de neón cada noche y de su mirada cuando reconocía una de mis mentiras.

, que iba a hacer ahora, ya no me recordaría, no me reconocería, no me aceptaría, solo me queda seguir mirándola, desde lo lejos, como abraza a mi osito de peluche, como lo estrecha contra su pecho como si soñara con volver a verme, como miraba al cielo y al suelo buscando pistas, ganas para salir adelante, anhelando un pasado olvidado ya, intentando recordar mis manos, mis sueños y mis promesas. Sentimientos ahogados en formol, esperando ser devueltos a la vida algún dia pero sin ninguna gana a la vez, intentando tejer el hilo de una ilusión ya deshecha. El separarnos significó dolor, pero el saber que no puede acordarse de mí, no causa más que destrucción, arrasa con mi vida mientras se desvanece la suya.

Mi abuela, mi querida abuela, enemiga y compañera, cómplice y soñadora, de mirada furtiva y piel con olor a esperanza, quien nos iba a decir que nuestras voces sonarían tan bajas como para no oírlas, quien nos iba a decir que ni siquiera nosotras volveríamos a escucharlas, que nuestro balcón terminaría derrumbándose al igual que todas las promesas que nos hicimos, quien nos lo diría, porque aquel que nos lo dijera, debería haber sido un genio, un artista, como me decías tu de aquel que consiguiera separarnos, y mira ahora. Ni siquiera existe, es una ilusión, algo que está y no está, algo de lo que no puedo vengarme ni luchar contra ello, algo que no puedo mitigar con morfina ni erradicar pensando, incluso, en nuestro más bonito recuerdo.

Sé que tú ya no puedes, pero yo siempre me acordaré de nuestro pasado, me acordaré de ti y de mí, de nosotras.

lunes, 10 de enero de 2011

EN DUELO CON TU CORAZÓN

Un querer y no poder, un tira y afloja, un no saber qué hacer.

Cuando empiezas a sentir que te duele más estar sin él, que el daño que él pueda hacerte, todo se vuelve cada vez más oscuro, tu garganta comienza a sangrar, al igual que tu corazón y dejas de entenderlo todo, rompes con las normas de tu vida y destruyes los pilares por los que antes te sostenías y te alzabas sobre los demás, dejando ver tu fuerza, orgullo y pasión.

El problema es, que una vez destruidos, es muy difícil reconstruirlos, el material es escaso y la piedra no exactamente de la mejor calidad, te das cuenta de que tu fuerza se basaba en tus propias mentiras y que eres la mitad de lo que creías ser, que tu orgullo vale más bien poco, o incluso nada, y que solo buscas una palabra que te salve, una mentira que permita dejarte dormir una noche más, un te quiero que ahogue tu dolor o un beso que abra otro difuso horizonte.

Te burlas de tu corazón, te ríes de ti misma, dices: hay que parar esto ya, pero no puedes, y a la vez no quieres, solo quieres que todo vuelva a ser como antes, volver a tener el móvil lleno de llamadas perdidas y el email repleto de mensajes, que te coman a besos cuando te vean y te quiten la respiración con achuchones. O simplemente saltarte todo eso, que te mire fijamente y te diga te quiero, que te diga: tú eres por lo que vivo. Cosas de toda la vida, es sencillo, nos empeñamos en hacernos daño, en ver quien juega más, quien aguanta más la respiración…

Y en realidad mueres por dentro, sueñas con un pasado mejor, rezas porque todo acabe pronto, odias al mundo por tratarte así y no te empeñas en sufrir desgarrando sentimientos.

Duele, pero no sabes si a él también, si está sufriendo o está de fiesta, si se acuerda de ti en cada momento o está tomándose algo, si te ama de verdad, si le importas.

Llegas a dudar tanto, que dudas incluso de si querer vivir o no. Las dudas te matan torturándote pero a la vez con la más dulce de las muertes, con algunas llamadas que te dan esperanza mientras te hundes cada vez mas o besos que consiguen sacarte a flote durante unos segundos, pero recuerda que tu corazón sigue derritiéndose, sigue hundiéndose, sumiéndose en lo más profundo de la tierra, haciéndose pequeño, y tú, con él.

Es una muerte lenta y dolorosa, pero a la vez dulce y tentadora.

Qué horror estar así, que pena que no me quieras como yo a ti. Es increible ver como alguien rompe tu corazón y sin embargo, sigues amandole con cada uno de los pedacitos.



Nota: no es algo autobiografico.

domingo, 9 de enero de 2011

Te regalo mis recuerdos


Se sentaba todas las tardes en el banco de la izquierda, siempre con ese vestido amapola y sus zapatos desgastados. Escondía en vano su tortura, su soledad, abrazaba con todo su ser a aquel peluche, un oso viejo y desgastado, el cual seguía con la capacidad de meterse por las pupilas y castigarlas hasta que derramaran las primeras lagrimas de la mañana. Mirarla era una trampa para los corazones, un pecado para los ojos y una pugna para el alma.

Yo recordaba el eco de su grito, estaba en mi memoria, era un recuerdo ardiente que me quemaba cada vez que volvía a verla. Cada una de las partes de su cuerpo olía a desdicha ahora y su corazón debía estar marchito de tanto dolor, pero, ¿que sentía en realidad ella? Nadie lo sabía, todos la rodeaban y nadie paraba, nadie se preocupaba de cuando le había salido la última arruga o de si tenía el vestido manchado, de si sus uñan estaban ya desgastadas y amarillas o de si sus rodillas sollozaban de dolor, de por donde habían pasado sus cansados pies ni de porque su voz era de línea descendente. Nadie sabía que paseaba por su mente y ella gritaba en el silencio para que la escucharan. (...)


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