Un querer y no poder, un tira y afloja, un no saber qué hacer. Cuando empiezas a sentir que te duele más estar sin él, que el daño que él pueda hacerte, todo se vuelve cada vez más oscuro, tu garganta comienza a sangrar, al igual que tu corazón y dejas de entenderlo todo, rompes con las normas de tu vida y destruyes los pilares por los que antes te sostenías y te alzabas sobre los demás, dejando ver tu fuerza, orgullo y pasión.
El problema es, que una vez destruidos, es muy difícil reconstruirlos, el material es escaso y la piedra no exactamente de la mejor calidad, te das cuenta de que tu fuerza se basaba en tus propias mentiras y que eres la mitad de lo que creías ser, que tu orgullo vale más bien poco, o incluso nada, y que solo buscas una palabra que te salve, una mentira que permita dejarte dormir una noche más, un te quiero que ahogue tu dolor o un beso que abra otro difuso horizonte.
Te burlas de tu corazón, te ríes de ti misma, dices: hay que parar esto ya, pero no puedes, y a la vez no quieres, solo quieres que todo vuelva a ser como antes, volver a tener el móvil lleno de llamadas perdidas y el email repleto de mensajes, que te coman a besos cuando te vean y te quiten la respiración con achuchones. O simplemente saltarte todo eso, que te mire fijamente y te diga te quiero, que te diga: tú eres por lo que vivo. Cosas de toda la vida, es sencillo, nos empeñamos en hacernos daño, en ver quien juega más, quien aguanta más la respiración…
Y en realidad mueres por dentro, sueñas con un pasado mejor, rezas porque todo acabe pronto, odias al mundo por tratarte así y no te empeñas en sufrir desgarrando sentimientos.
Duele, pero no sabes si a él también, si está sufriendo o está de fiesta, si se acuerda de ti en cada momento o está tomándose algo, si te ama de verdad, si le importas.
Llegas a dudar tanto, que dudas incluso de si querer vivir o no. Las dudas te matan torturándote pero a la vez con la más dulce de las muertes, con algunas llamadas que te dan esperanza mientras te hundes cada vez mas o besos que consiguen sacarte a flote durante unos segundos, pero recuerda que tu corazón sigue derritiéndose, sigue hundiéndose, sumiéndose en lo más profundo de la tierra, haciéndose pequeño, y tú, con él.
Es una muerte lenta y dolorosa, pero a la vez dulce y tentadora.
Qué horror estar así, que pena que no me quieras como yo a ti. Es increible ver como alguien rompe tu corazón y sin embargo, sigues amandole con cada uno de los pedacitos.Nota: no es algo autobiografico.
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